¿Cómo cuestionar el modelo científico sin renunciar a la búsqueda del porqué de las cosas?

El psicoanálisis, criticado hasta la sopa, ofrece una vía para recuperar la complejidad del sujeto, de su mundo inconsciente, del lenguaje.

En nuestra época, la confianza incuestionable en la ciencia vista como verdad absoluta y guía de progreso, se ha convertido ya en dogma y obstáculo para lo que realmente debería fomentar: la duda, la crítica, el cambio y el cuidado de la vida.
Cuestionar el modelo científico no es negarlo, sino reconocer que es una práctica humana, histórica y limitada, cuya noción y aplicación quizá deban ser ya revisadas.

La ciencia no vive fuera de la historia y no ha sido siempre igual. La forma de conocer del siglo XVII (Newton, Galileo, Descartes) no es la misma que la del siglo XXI. El modelo mecanicista y determinista que marcó la modernidad ha sido cuestionado desde múltiples frentes: la física cuántica, la teoría del caos, la biología evolutiva, la complejidad de sistemas y la psicología de la mano del psicoanálisis, han llamado sin cesar a revisar practica y concepto de ciencia.

Thomas Kuhn, demostró que la ciencia avanza no de forma acumulativa, sino por cambios de paradigma: momentos de ruptura donde las bases mismas del conocimiento se transforman. Lo que antes se consideraba “verdad científica” se vuelve obsoleto tras una revolución conceptual.

La ciencia no es neutral, lógica, ni completamente objetiva, pues está influida por valores, contextos y poderes sociales. Además, su énfasis en la prepotencia de lo cuantificable ha marginado dimensiones humanas esenciales como el deseo, el sufrimiento o la espiritualidad, al considerar solo válido lo que se pone en números.
Por otro lado, lo real no se reduce a la hegemonía del método cuantitativo que en la ciencia moderna ha llevado a una fetichización de los datos y de lo supuestamente objetivable. Todo aquello que no se mide (la experiencia estética, el deseo, el sufrimiento psíquico, la espiritualidad) tiende a ser excluido como “no científico” para rendir pleitesía al dios del momento: la cuantificación.

¿Qué lugar hay pues para la subjetividad y la experiencia? No hay.
En el ámbito de la salud mental, este conflicto es evidente. Los manuales diagnósticos (el DSM o CIE) proponen descripciones racionales de la psique, pero ignoran la singularidad del sufrimiento de cada sujeto. Esto ha llevado a una patologización a ultranza, a veces más enfocada en farmacología que en la comprensión del ser humano.
El psicoanálisis, criticado hasta la sopa, en contraposición, ofrece una vía para recuperar la complejidad del sujeto, de su mundo inconsciente, del lenguaje.

No se opone a la ciencia como dicen muchos haciendo gala de una generalizada falta de conocimiento, pero la descentra: no todo lo existente puede ser demostrado por el método experimental. Y buscar las razones del qué, si, vale, pero la ciencia sin humildad es peligrosa y eso es lo que tenemos hoy, la arrogancia de lo mágico científico y la sustitución del pensamiento por maquinas recolectoras de datos, mal llamadas inteligencia artificial. Mal v amos.

Antonio Verdasca
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